Herramientas esenciales para una buena comunicación - Parte 2

En función del análisis exhaustivo que hemos comenzado en la edición anterior[1] respecto de las características que dan forma al papel de escritor-emisor, consideramos que el análisis de la identidad que el mismo presenta es un paso adicional y debe ser brindado en el estudio profundo de dicho rol.

Al hablar de identidad nos referimos a aquella serie de características que constituye a un escritor-emisor en particular y no a otro. Para explicar este hecho mediante una situación cotidiana, podemos decir que los colores que componen la bandera argentina -celeste y blanco- son los mismos que aparecen en las camisetas utilizadas por la selección de jugadores de fútbol. Este traje, entonces, los identifica como argentinos y los representa. Algo similar sucede con los escritores. Por ejemplo, si una mujer que dedica buena parte de sus horas a redactar obras literarias, es una activa luchadora en función del beneficio de los de los derechos femeninos y jamás ha titulado una obra de su autoría con nombres masculinos, el lectorado identificará a la autora con estas actitudes y esperará que siga manejándose en función de lo impuesto. Así, consideramos que la demarcación de ciertos límites dentro del campo literario, en los cuales el autor actuará, viene fuertemente acompañada de una disposición y planificación específicas de cualidades que lo dotarán de cierta identidad que lo diferenciará del resto de los compositores artístico-literarios.

Podemos demarcar la gran importancia que suscita el hecho de contar con una identidad específica dentro del campo de la cultura, donde los escritores compiten. Es menester considerar que, en la actualidad, el libro ha perdido el valor agregado que lo dotaba del aura casi mágica, de la que la creación artística gozaba. Hoy podemos afirmar que el libro no es más que una mercancía que se desenvuelve dentro del campo cultural y que, como tal, cuenta con una competencia a sortear con el fin de llegar a las manos de sus receptores potenciales y transmitir el mensaje que le dio origen.

Al hablar de competencia no nos referimos a la “pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado”, acepción gracias a la cual la Real Academia Española dota de significado a esta palabra, sino que utilizamos el concepto acompañado por la idea de disputa entre dos o más contendientes respecto de algo.

Desde esta visión, debemos pensar acerca de aquellas aristas que distinguen a cualquier producto de los objetos similares a él dispuestos en un sitio al que los potenciales consumidores llegan en busca del elemento –el libro, en este caso- y se encuentran con un gran variedad de ofertas similares entre las que deben decidir cuál de ellas será la elegida por ellos.

Consideramos que hace tiempo la relación de los libros con la competencia estaba relacionada con la pericia para hacer algo, ya que estos objetos gozaban de la visión casi mágica que el público brindaba a este tipo de manifestaciones artísticas y sólo se destacaba de sus competidores por la virtud que su contenido detentaba. Hoy, el lazo entre libros y competencia es totalmente diferente al descripto y usado siglos atrás.

En la actualidad, contamos con el análisis realizado por pensadores respecto de la adaptación de las características que componen al libro dentro de su rol actual de mercancía dentro de la industria cultural. Si bien para muchos, el término industria cultural aparece como un concepto irreal, ya que aseguran que la palabra industria nada tendría que ver con el tipo de manifestaciones que se dan en el plano cultural, consideramos que los escritores-emisores deben conocer este punto de vista respecto del papel tomado en la actualidad por el libro para situarse dentro de las características que debe detentar ahora, en función del papel del libro descripto, y entenderse como un operario o productor que se desenvuelve dentro de la industria cultural.

Entendemos que los puntos descriptos en la edición anterior respecto de las características que dotan especialmente al escritor-emisor dentro de su rol comunicacional; son de vital importancia aquí, ya que los mismos colaboran con el objeto de destacarse ante sus competidores. Por ejemplo, decimos que una obra en la que aparece una serie de cuentos donde los héroes son amantes de las comidas hechas con vegetales y respecto de la cual aseveramos el público conocimiento del espíritu luchador del autor, que se identifica –punto importante dentro del estudio de los escritores-emisores- con los derechos y costumbres de los vegetarianos –gente que sólo ingiere aquellos alimentos donde todos los ingredientes que no tienen que ver con la producción de los mismos por parte de un animal son protagonistas-; este texto, entonces, contará con éxito antesus competidores frente a los ojos de aquellos lectores-consumidores vegetarianos que adquieran todo tipo de materiales donde los vegetales tengan un papel importante y deseen hacerlo en la ocasión mencionada.

Por supuesto que no sólo las características del escritor-emisor cuentan con un papel importante dentro de las batallas que se libran de mano de la competencia. Asuntos estrechamente ligados a las características detentadas por el mensaje y el receptor –que estudiaremos en próximas ediciones de este particular espacio donde las herramientas esenciales para una buena comunicación son transmitidas a los escritores- también ocupan un rol preponderante al momento en que la mercancía –en este caso, el libro- deba diferenciarse de sus competidores. Ejemplificaremos burdamente esta situación al decir que todo libro que desee gozar de un papel de importancia en las luchas libradas en pos de la competencia en un país de habla hispana, debe estar escrito en idioma español –característica del mensaje- para que el gran público, que utiliza esa lengua para comunicarse a diario –variable identificada con el receptor- pueda acceder, masivamente y sin problemas comunicacionales, a esa obra.

Existen innumerables factores que influyen en la decisión de compra o acceso a una obra literaria. El escritor-emisor no cuenta con las armas para influir sobre todos ellos, pero es necesario que conozca su existencia con el objeto de lograr la orientación de su obra en función del plan que estas características delimitan.

A la vista de los artistas, el concepto que pone al libro en el mismo lugar que ocupa una mercancía cualquiera que debe librar batallas por el consumo en un ámbito competitivo, puede parecer irritante. De todos modos, recomendamos al escritor-emisor acercarse con calma y pasivamente a las reglas que el mercado impone y sacar el máximo beneficio de sus actuaciones cotidianas.

Pasivamente porque las pautas son impuestas por el mercado y no hay nada que el escritor pueda hacer para variarlas o librarse de ellas. Así, insistimos en la necesidad de planificar con la mayor seriedad posible las aristas que guiarán a las creaciones de un escritor en particular y atenerse al plan. De este modo, el papel de artista iluminado mágicamente e inspirado para llevar a cabo una creación en especial, que dotará a quien acceda a ella de un costado luminoso y mágico, da lugar a los siguientes roles: productor –escritor- de una mercancía –libro- que, a través de las imposiciones del mercado, llegará al público consumidor –receptores o lectores, en la literatura-.

El mercado es un conjunto de transacciones de bienes o servicios, donde la industria cultural –creadora de libros, en este caso- cuenta con una participación específica, dotada de roles que la identifican. Desde ya que la oferta y la demanda de bienes y servicios que nutren al mercado, crean una serie de reglas a las que el mercado en su totalidad debe atenerse para su normal funcionamiento. Sugerimos al escritor-emisor prestar especial atención a estas imposiciones mercantiles y a los efectos que la aplicación de las mismas despierta en su economía.

Con estos datos en mente, este personaje preponderante podrá seguir las reglas del mercado en función del beneficio propio. No decimos que estas imposiciones pueden ser torcidas con facilidad y, así, sacar provecho de estos cambios. Sí consideramos que el escritor-emisor puede seguir el camino que las reglas demarcan y utilizarlo para su beneficio. Reiteramos en esta edición lo ya dicho el mes pasado y le damos nueva importancia al cuaderno de notas específicas que el escritor-emisor debe redactar donde estas cuestiones, importantes para el futuro económico de la creación, deben estar apuntadas.

Hablamos de competencia porque el libro es una mercancía que, como tal, se somete a las reglas del mercado. El escritor-emisor se ve como actor de un sistema comercial a cuyas reglas debe someterse. Y el receptor pasa a ser un cliente.

Recomendamos al escritor-emisor una profunda lectura y aceptación de los aspectos en esta edición mencionados respecto de la competencia, que dota de un nuevo papel como mercancía al libro dentro de la industria cultural que lo contiene.

Es menester contar con una intensa puesta de estas características en mente, al momento de comenzar a analizar el vital rol que el mensaje lleva dentro de la buena comunicación, que comenzaremos a estudiar en la próxima edición. Consideramos que muchos de los asuntos a analizar entonces tienen fuerte relación con lo hasta aquí descripto respecto de la competencia y de los factores que la mueven.

Sabemos que el libro como mercancía que debe enfrentarse a una competencia y seguir las reglas del mercado para llegar a las manos de los consumidores –lectores, al mismo tiempo- es un concepto algo chocante para los artistas y escritores. Sin embargo, recomendamos la adaptación a la idea, que tiene un lugar y no cuenta con la variación en su futuro, la puesta en marcha de planes que la utilicen en el máximo beneficio del escritor-emisor y la seria planificación de obras que se lleven bien con estas imposiciones.

Stella Maris Arce, autora del texto, responderá a sus consultas. Por favor, hágalas llegar a: arce@portallibro.com.ar



[1]Si lo desea, accederá a esta información a través del menú lateral izquierdo de la página principal de www.portallibro.com.ar, a través del cual podrá acceder a la sección Herramientas esenciales para una buena comunicación.


Fecha de creación : 30/05/2008 ~ 07:51
Última modificación : 30/05/2008 ~ 07:51
Categoría : Herramientas esenciales para una buena comunicación
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Stella Maris Arce, periodista y correctora de textos académicos, nos invita a analizar los aspectos que intervienen en las relaciones comunicacionales, a los efectos de hacer una profunda investigación respecto de los vínculos que se trazan entre los escritores-emisores y los lectores-receptores de un mensaje.


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